Sunday, October 3, 2010

Un Día de Estos

Un día de estos la simpleza de las cosas va a ser evidente
en la manera que me sonríes y me aprietas la mano

Un día de estos voy a extrañar hoy, cuando te vi
Pero tú no te acordarías
Fue hace tanto tiempo

Un día de estos te darás cuenta que la gran parte de lo que la gente hace
es para ser recordados
Si recuerdas algo, recuerda que vales

Un día de estos por mirar tus pasos no me daré cuenta que ya creciste
que tus pies son grandes
que tienes un sol, una luna, un mar para tí

Un día de estos tú finalmente serás tú
y con suerte, yo todavía seré yo
y nos sentaremos a dialogar como de costumbre
por primera vez

Un día de estos me daré cuenta que no hay nada que buscar
Que lo que tú crees es lo que yo creo
Que somos uno

Un día de estos trataré de re-escribir este poema
Sabiendo todo lo que sé ahora
y poco a poco entenderé que tu grandeza sólo se podía medir
cuando no la conocía

Un día de estos yo me iré, y tú te quedarás
Que esto se quede contigo, para leerlo juntos
Un día de estos

Friday, September 17, 2010

Impresos

Una vez más, el barco acecha
1751, 1752, 1753
escucho sus murmullos en la lejanía
1754, 1755
preparo el anzuelo: La tinta
1756
ya se acercan, no hay tiempo para perder
1757
llegan borrachos, como si fuese la primera vez
a barricada las puertas, a golpes la tribulación
me murmuran incoherencias mientras me halan mar adentro
casi me engañan a sentirme bien, si no me resisto
a espadazos los encierro en la página
hasta hoy, desde su cárcel gritan necedades
y sólo tú los escuchas

Saturday, July 17, 2010

Amelia y su Alergia

Soy alérgica a mi misma.

Toda mi vida giraba alrededor de esas cinco palabras. Organizaba mi día con varios de anticipación, no permitiendo un momento de reflexión ni conversaciones con mi interior. Me diluía en viajes largos, en leer aquel capítulo de ese libro que nunca iba a terminar, en el queseyó existencial de una conversación a las tres de la mañana en una barra abandonada, en hacer yoga, en pintar paredes, en cualquier cosa con tal de poder tragar la pildora amarga que es mi ser sin tener defectos secundarios.

Me acostaba con hombres constantemente sólo para estar sola en mi cama. Ellos impedían que el yo que acechaba mi salud me matara mientras durmiera, ya que ella no se atrevía a salir mientras ellos estaban.

Fuí al doctor una vez a ver que podía hacer por mi condición. Sentada en la sala de espera leía cualquier revista que tuvieran disponible, una tras otra con tal de no estar sola con mis pensamientos. Finalmente el doctor reviso mi caso y me dijo que debería ir a un psiquiatra. - Me dijeron que era experto en alergias, por eso vine a usted. Si no puede ayudar me tendré que automedicarme hasta encontrar a alguien que pueda.

Empezé a tomar antihistamínicos cada vez que tenía un momento a solas. Con Morfeo velando mis pasos, la vida y el sueño se iban mezclando poco a poco. "Mejor esto que la muerte", me decía para consolarme a mí misma, pero no a ella. No, ella iba a tener que darse cuenta eventualmente de que su misión era futíl y me dejaría tranquila. En ese momento, podría realmente comenzar a vivir mi vida.

La realidad y el sueño se llegaron a mezclar y en más de una ocasión vi mi yo tratando de acercarse a mí, fingiendo una cara de preocupada y casi echandome el brazo tiernamente. Yo brincaba de la cama (o donde sea que me haya quedado dormida, estas cosas pasaban a menudo) y me socorría con un Sudoku mal hecho que había dejado en mi falda, o con una conversación repentina con la primera persona que viera, o con carcajadas extremas que pudieran amortigüar mis pensamientos introspectivos. Llegué a pensar que no podía seguir viviendo así. "Necesito encontrar una cura o algún día me voy a descuidar y ciertamente moriré."

Me enfoqué en textos psicológicos sobre la segmentación del ser, cruzando referencias con textos médicos de alérgenos conocidos por la ciencia. Quizá aquel médico no estaba tan mal en su recomendación, sólo mal encaminado. Alergología, psiquiatría aplicada, aún metafísica: Ninguno de estos textos podía apenas explicar que me estaba pasando, mucho menos econtrar una cura eficazmente. Sin esperanza de una vida diferente a la presente, recurrí al sistema que he estado explicando en los parrafos anteriores. Así viví tres años. Por algún tiempo me fue bien, otras veces me quería rendir y entregarme en manos de aquella yo que casi me echaba el brazo en mis sueños. Siempre eventualmente me convencía que mi sobrevivencia valía más que todo lo demás, y que no podía dejar que ella ganara mi batalla. Y así viví, hasta anoche.

Efectivamente, anoche se me olvidó tomarme la medicina. En un sueño denso, mi rival finalmente me venció. Yo me dormí, y otra persona se despertó. No hubo muerte, ni anafilaxia, ni dolor. Todavía existo. Todavía soy alérgica. Todavía mi cuerpo se acuesta con hombres extraños, juega Sudoku y pinta paredes. Lo único que ha cambiado es que ahora yo soy la que se esconde, y ella es la que vive.

Monday, May 31, 2010

El Cuarto

No es muy necesario que conozcas mi nombre ni los detalles sobre mi vida antes del los incidentes, como les suelo llamar, así que mantendré este antecedente corto. Hacía nueve días me había mudado a una casa en (LUGAR OMITIDO). Desde que entré, sentí una atracción extraña a un cuarto en particular, lo que sería el dormitorio del huésped en cualquier otra casa de esta urbanización. Intenté al principio ignorar la inquietud a entrar al cuarto. Cada día, las ansias de entrar se hacían más grandes. Al tercer día, empecé a soñar despierto, caminando sonámbulo hasta la puerta del cuarto prohibido solo para despertarme antes de tocar la perilla. Al sexto día, comencé a sentir un dolor agudo en el abdomen cada vez que salía fuera de la casa después del anochecer. Al octavo día, el dolor se había convertido en algo constante, privándome de salir en cualquier momento. Finalmente, al noveno día, a las 3:03 AM, decidí entrar por primera vez. Lo siguiente es lo que vi en las cuatro ocasiones que entré.

I

- No duermas! El sueño es hermano de la muerte! - me gritaban desde un lugar lejano. Despertando lentamente, me encontré en un desierto. A lo lejos, vi a un hombre con barba larga. Sus cabellos parecían ser gastados por los rayos de el sol y cargaba un paño mojado con el cual saciaba el calor . Me acerqué a él lentamente y le pregunté si tenía algo de comer. -Aquí no es necesario - exclamó en una voz ronca pero potente.

- ¿Qué día es? ¿Cuanto tiempo llevo durmiendo?

- Aquí el sol no se mueve, ni la luna se atreve a salir. - Pausó por un momento para mojarse la cara con el paño que tenía en su mano. – El tiempo es irrelevante, aunque estaba esperando por ti.

- ¿Quién eres? – suspiré mientras me secaba el sudor con mi camisa.

-Yo soy el que te va decir lo que tienes que hacer para prevenir que el dolor que sientes en tu costado termine con tu vida como ha hecho con muchos antes de ti.

Perplejo por sus palabras, sólo pude preguntarle que tenía que hacer.

- Tienes que liberar al esclavo.

- ¿Quién es él? ¿Cómo lo encuentro?

- Tendrás que entrar dos veces más a este cuarto. La segunda vez, verás al esclavo. Solo tendrás un chance de liberarlo. Si titubeas, ya será muy tarde. – Se mojó la frente una última vez. -Quizás no entiendes ahora, pero esta es la cosa más importante que harás en tu vida. Toma este paño.

- De que hablas? Qué cuarto?

Tomé el paño en mi mano y ya no estaba en un desierto. De momento, como al despertar de un sueño, todo me pareció obvio. Caminé fuera del cuarto y rápidamente escribí en un papel todo lo que aquel hombre había dicho. Esperé con ansias hasta el otro día. A eso de la medianoche, comencé a sentir el dolor en el costado otra vez. Esperé hasta las 3:03 AM una vez más, y entré.

II

Desperté con el frío abrumador encima de mí como un buitre velando su futura presa. De mis bolsillos saqué un papel con notas y preguntas que no me hacían sentido. Sintiendo la hipotermia acercándose, corrí por la nieve hasta una cueva. Segundos después de mí, un hombre joven y bien vestido, aparentemente corriendo del frío como yo, entró repentinamente a la cueva.

- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

- Acabo de entrar, estaba corriendo del frío. ¿De donde vienes?

- No, no, quiero decir: ¿Cuánto tiempo llevas despierto?
Sorprendido por su pregunta, tartamudeé la respuesta como mejor pude.

- Bien, significa que aún no es tarde. Sé que no sabes lo que está pasando, así que seré breve. El hombre que te habló a ti en el desierto quiere cambiar su destino y el tuyo, pero no es posible. Tu dormir y despertar dependen del trabajo de ese esclavo. Todos tenemos un propósito. Tu propósito es vivir y morir, su propósito
es escribir.

- ¿Cuál es tu propósito?

- Mi propósito es decirte esto antes de que sea muy tarde. ¿Qué hora es?

- No sé, no tengo reloj.

- Déjame ver si no se me olvidó nada. – El extraño saca un papel con sus aparentes órdenes de que decirme.

- ¿Quién te escribió ese papel? ¿Fue el mismo que escribió el papel que llevaba en el bolsillo cuando me desperté?

- No, eso lo escribiste tú, pensando que te recordarías a ti mismo de que hacer. Esto lo escribió mi superior.

- ¿Quién es tu superior?

- Cada pregunta que conteste llevará a otra pregunta, y no hay tiempo para eso. Escúchame bien: No podrás librar al esclavo!

El tiempo aparentemente siendo agotado, volví a mi realidad. Con un dolor de cabeza recordé todo lo que había olvidado en la conversación con aquel extraño. Estuve rodeando la casa toda la tarde pensando en que hacer. Decidí que la mejor idea era preguntarle al esclavo mismo si quería ser libre. Esta vez, el dolor me empezó mucho más temprano. Esperar hasta las 3:03 AM fue un martirio de por si. Respirando hondo, entré al cuarto por tercera vez.

III

Me desperté al lado de una puerta blanca, rodeado de arbustos y flores con fragancias más puras de lo que podría describir. Mirando a mis alrededores, me encontré en un bosque impenetrable que no parecía tener salida. Decidiendo abrir la puerta, entré a un cuarto oscuro donde la luz de afuera apenas rodeaba el marco de la puerta. A lo lejos escuchaba el ratatat de una maquinilla y veía levemente el alumbramiento de una vela ancha y gruesa. Me acerqué al sonido hasta que vi que era creado por un hombre sentado en una silla, escribiendo sin parar. Le pregunté quien era, pero no me contestó. Me asombré al ver la concentración del hombre al tratar varias formas de captar su atención. Finalmente, le pregunté si quería ser libertado. Paró de escribir.

- ¿Quién te mandó a que vinieras aquí? ¿Porqué preguntaste eso?

- No sé, no recuerdo. Lo vi amarrado, pensé que quizás quisiera ser libre.

- ¿Y que significa eso? Mucha gente ha venido a aquí para tratar de librarme, algunos han intentado de contestar esa pregunta, otros se van corriendo al escucharla. ¿Qué significa ser libre?

- No sé…

- Vuelve de donde viniste, no necesito tu ayuda.

- No sé de donde vine ni porqué estoy aquí. ¿Usted sabe?

- Yo estoy aquí para escribir sueños, y tú estás aquí para estorbarme. Dile al barbudo que perdió otra vez.

- ¿Qué barbudo? Nada de lo que dice hace sentido.

- Los sueños raramente hacen sentido.

- ¿Si esto es un sueño, porqué usted no está escribiendo?

- ¿Quién dijo que yo no estaba escribiendo?

Despertando en un sudor frío, me dí cuenta de lo que había pasado. El esclavo nunca había dejado de escribir, toda mi conversación con él fue un sueño. Decía lo que yo pensaba que iba a decir, me convenció de lo que yo mismo me quería convencer. Nunca tuve un chance de librarlo. El extraño tenía razón. Hasta ese momento, pensaba que el liberar al esclavo era la única semblanza a un propósito en mi vida. De momento pensé en quitarme la vida, sabiendo que el dolor iba a volver y eventualmente iba a acabar conmigo. Calmándome a mí mismo, decidí entrar una vez más a aquel cuarto. Debatí en mi mente que podría pasar si entraba otra vez. Me convencí que no importa lo que pasara, sería la última vez que entraría. El dolor empezó apenas 10 minutos después de salir del cuarto. A las 3:03 AM, entré.

IV

Desperté en un pantano frío, cerca de la medianoche. Corrí hacia el este, pasando por un bosque que parecía eterno. Finalmente, encontré una casa, recluida por el pastizal denso que la rodeaba. Mirando por la ventana, me vi a mí mismo, más viejo, con cara larga y pelo escaso, escribiendo en una vieja maquinilla. Tratando de leer lo que escribía, sólo alcancé a leer una oración, escrita toda en mayúscula: CORRE, ANTES DE QUE SEA MUY TARDE.

Inmediatamente volví a la realidad, acordándome una vez más de todo lo que había pasado y saliendo del cuarto una última vez. Me mudé de esa casa, y encontré aquella casa rodeada por pastizales en donde me había visto escribiendo esta historia. Aprendí a medicar el dolor con cafeína y anfetaminas, aunque sé que esos remedios no me durarán para siempre. Me compré una maquinilla vieja y empecé a escribir esta historia. De vez en cuando, miro hacia la ventana a ver si encuentro la mirada del yo de otro tiempo, pero sé que nunca lo veré, no está escrito así. Aquí pasaré mi tiempo hasta que el destino me llame. Todos somos esclavos de él, aunque no queramos admitirlo.

Creo que escribiré una historia nueva ahora. El escritor de sueños escribe en un cuarto sin ventanas…

Sunday, April 11, 2010

Vientos y Murmullos

Yo vivo feliz con mis sueños y los tuyos
A veces me pregunto si es suficiente para ti
Yo muero feliz con mi incienso y tu orgullo
En el momento que aquello cruel venga por mí

Yo tuviera llena las playas de floururo
Soplaría los pechos del más puro carmesí
Por tal que, por ahí, en algún bosque oscuro
Tu sonrisa dorada se apiadara de mí

Si la luz fuera verde, y el día se hiciera nulo
Los meses, los años, y no hubiese fin
No estaría mal, que al morir el futuro
Tu y yo nos quedaramos aquí

Yo tengo ganas, vientos y murmullos
Aunque me daría lo mismo si no o si sí
Ya no me importan tanto los capullos
Desde aquel día que yo te conocí

Monday, March 15, 2010

El Esclavo

El escritor de sueños escribe en un cuarto sin ventanas, sin puertas, sin nada. Escribe sin parar, usando cada punzada de su dedo hacia la maquinilla para librarse del río incansable de imágenes corriendo por su cabeza. Su cara es pálida por falta de Sol, y su pelo crece largo como la ceda, mezclándose con las sombras de sus alrededores oscuros. Se come las uñas cuando tiene oportunidad de hacerlo, manía aprendida mucho más por necesidad que por costumbre. El papel infinito se desenrolla cada vez más, lleno de tinta que nunca se acaba, creando un papeleo que se desplaza por encima de su escritorio con cada cantazo de su maquinilla, hasta desaparecer al llegar más lejos de lo que la flama de su quinqué puede alumbrar.

No tiene inspiración sino la página blanca que debe ser llenada de ideas, a veces tan incomprensibles que se hace difícil escribirlas en palabras concretas. No ve la diferencia entre las pesadillas y los buenos sueños, los piratas y los cuentos de hadas, las violaciones y los asesinatos. En realidad no hay ninguna prueba de que él comprende lo que escribe, ya que no tiene tiempo para reflexionar sobre su interminable obra de arte. Tampoco se sabe como llegó a este estado, si hubo alguno antes de él lo escogió como su reemplazo o si él en algún momento fue humano, tuvo sentimientos, sintió calor. La pregunta más culminante, sin embargo, es que pasaría si parara de escribir. ¿Podría controlar de otra manera su insaciable imaginación? Qué pasaría con la humanidad si no hubiesen sueños que inspiraran o pesadillas que espantaran? Nunca sabremos la contestación: existe en un sitio donde nadie lo puede visitar. Fuera de espacio, el escritor no se preocupa en nada excepto en escribir la próxima tecla.

Y así pasa el tiempo que el escritor no puede contar, obligado por su condición a seguir escribiendo los sueños y pesadillas que tú erróneamente atribuyes a tu imaginación. No se pregunta porqué esta aquí ni cual es su razón de existir. No se entretiene ni se detiene para descansar. No piensa si en realidad existe ó no. Solo sigue su trabajo, sin ninguna consciencia exceptuando la desesperación y la esperanza efímera del desahogo. Sigue escribiendo hasta el día de hoy, un proceso que está destinado a repetir hasta el fin de la existencia humana, y quién sabe si aun mas allá.