No es muy necesario que conozcas mi nombre ni los detalles sobre mi vida antes del los incidentes, como les suelo llamar, así que mantendré este antecedente corto. Hacía nueve días me había mudado a una casa en (LUGAR OMITIDO). Desde que entré, sentí una atracción extraña a un cuarto en particular, lo que sería el dormitorio del huésped en cualquier otra casa de esta urbanización. Intenté al principio ignorar la inquietud a entrar al cuarto. Cada día, las ansias de entrar se hacían más grandes. Al tercer día, empecé a soñar despierto, caminando sonámbulo hasta la puerta del cuarto prohibido solo para despertarme antes de tocar la perilla. Al sexto día, comencé a sentir un dolor agudo en el abdomen cada vez que salía fuera de la casa después del anochecer. Al octavo día, el dolor se había convertido en algo constante, privándome de salir en cualquier momento. Finalmente, al noveno día, a las 3:03 AM, decidí entrar por primera vez. Lo siguiente es lo que vi en las cuatro ocasiones que entré.
I
- No duermas! El sueño es hermano de la muerte! - me gritaban desde un lugar lejano. Despertando lentamente, me encontré en un desierto. A lo lejos, vi a un hombre con barba larga. Sus cabellos parecían ser gastados por los rayos de el sol y cargaba un paño mojado con el cual saciaba el calor . Me acerqué a él lentamente y le pregunté si tenía algo de comer. -Aquí no es necesario - exclamó en una voz ronca pero potente.
- ¿Qué día es? ¿Cuanto tiempo llevo durmiendo?
- Aquí el sol no se mueve, ni la luna se atreve a salir. - Pausó por un momento para mojarse la cara con el paño que tenía en su mano. – El tiempo es irrelevante, aunque estaba esperando por ti.
- ¿Quién eres? – suspiré mientras me secaba el sudor con mi camisa.
-Yo soy el que te va decir lo que tienes que hacer para prevenir que el dolor que sientes en tu costado termine con tu vida como ha hecho con muchos antes de ti.
Perplejo por sus palabras, sólo pude preguntarle que tenía que hacer.
- Tienes que liberar al esclavo.
- ¿Quién es él? ¿Cómo lo encuentro?
- Tendrás que entrar dos veces más a este cuarto. La segunda vez, verás al esclavo. Solo tendrás un chance de liberarlo. Si titubeas, ya será muy tarde. – Se mojó la frente una última vez. -Quizás no entiendes ahora, pero esta es la cosa más importante que harás en tu vida. Toma este paño.
- De que hablas? Qué cuarto?
Tomé el paño en mi mano y ya no estaba en un desierto. De momento, como al despertar de un sueño, todo me pareció obvio. Caminé fuera del cuarto y rápidamente escribí en un papel todo lo que aquel hombre había dicho. Esperé con ansias hasta el otro día. A eso de la medianoche, comencé a sentir el dolor en el costado otra vez. Esperé hasta las 3:03 AM una vez más, y entré.
II
Desperté con el frío abrumador encima de mí como un buitre velando su futura presa. De mis bolsillos saqué un papel con notas y preguntas que no me hacían sentido. Sintiendo la hipotermia acercándose, corrí por la nieve hasta una cueva. Segundos después de mí, un hombre joven y bien vestido, aparentemente corriendo del frío como yo, entró repentinamente a la cueva.
- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
- Acabo de entrar, estaba corriendo del frío. ¿De donde vienes?
- No, no, quiero decir: ¿Cuánto tiempo llevas despierto?
Sorprendido por su pregunta, tartamudeé la respuesta como mejor pude.
- Bien, significa que aún no es tarde. Sé que no sabes lo que está pasando, así que seré breve. El hombre que te habló a ti en el desierto quiere cambiar su destino y el tuyo, pero no es posible. Tu dormir y despertar dependen del trabajo de ese esclavo. Todos tenemos un propósito. Tu propósito es vivir y morir, su propósito
es escribir.
- ¿Cuál es tu propósito?
- Mi propósito es decirte esto antes de que sea muy tarde. ¿Qué hora es?
- No sé, no tengo reloj.
- Déjame ver si no se me olvidó nada. – El extraño saca un papel con sus aparentes órdenes de que decirme.
- ¿Quién te escribió ese papel? ¿Fue el mismo que escribió el papel que llevaba en el bolsillo cuando me desperté?
- No, eso lo escribiste tú, pensando que te recordarías a ti mismo de que hacer. Esto lo escribió mi superior.
- ¿Quién es tu superior?
- Cada pregunta que conteste llevará a otra pregunta, y no hay tiempo para eso. Escúchame bien: No podrás librar al esclavo!
El tiempo aparentemente siendo agotado, volví a mi realidad. Con un dolor de cabeza recordé todo lo que había olvidado en la conversación con aquel extraño. Estuve rodeando la casa toda la tarde pensando en que hacer. Decidí que la mejor idea era preguntarle al esclavo mismo si quería ser libre. Esta vez, el dolor me empezó mucho más temprano. Esperar hasta las 3:03 AM fue un martirio de por si. Respirando hondo, entré al cuarto por tercera vez.
III
Me desperté al lado de una puerta blanca, rodeado de arbustos y flores con fragancias más puras de lo que podría describir. Mirando a mis alrededores, me encontré en un bosque impenetrable que no parecía tener salida. Decidiendo abrir la puerta, entré a un cuarto oscuro donde la luz de afuera apenas rodeaba el marco de la puerta. A lo lejos escuchaba el ratatat de una maquinilla y veía levemente el alumbramiento de una vela ancha y gruesa. Me acerqué al sonido hasta que vi que era creado por un hombre sentado en una silla, escribiendo sin parar. Le pregunté quien era, pero no me contestó. Me asombré al ver la concentración del hombre al tratar varias formas de captar su atención. Finalmente, le pregunté si quería ser libertado. Paró de escribir.
- ¿Quién te mandó a que vinieras aquí? ¿Porqué preguntaste eso?
- No sé, no recuerdo. Lo vi amarrado, pensé que quizás quisiera ser libre.
- ¿Y que significa eso? Mucha gente ha venido a aquí para tratar de librarme, algunos han intentado de contestar esa pregunta, otros se van corriendo al escucharla. ¿Qué significa ser libre?
- No sé…
- Vuelve de donde viniste, no necesito tu ayuda.
- No sé de donde vine ni porqué estoy aquí. ¿Usted sabe?
- Yo estoy aquí para escribir sueños, y tú estás aquí para estorbarme. Dile al barbudo que perdió otra vez.
- ¿Qué barbudo? Nada de lo que dice hace sentido.
- Los sueños raramente hacen sentido.
- ¿Si esto es un sueño, porqué usted no está escribiendo?
- ¿Quién dijo que yo no estaba escribiendo?
Despertando en un sudor frío, me dí cuenta de lo que había pasado. El esclavo nunca había dejado de escribir, toda mi conversación con él fue un sueño. Decía lo que yo pensaba que iba a decir, me convenció de lo que yo mismo me quería convencer. Nunca tuve un chance de librarlo. El extraño tenía razón. Hasta ese momento, pensaba que el liberar al esclavo era la única semblanza a un propósito en mi vida. De momento pensé en quitarme la vida, sabiendo que el dolor iba a volver y eventualmente iba a acabar conmigo. Calmándome a mí mismo, decidí entrar una vez más a aquel cuarto. Debatí en mi mente que podría pasar si entraba otra vez. Me convencí que no importa lo que pasara, sería la última vez que entraría. El dolor empezó apenas 10 minutos después de salir del cuarto. A las 3:03 AM, entré.
IV
Desperté en un pantano frío, cerca de la medianoche. Corrí hacia el este, pasando por un bosque que parecía eterno. Finalmente, encontré una casa, recluida por el pastizal denso que la rodeaba. Mirando por la ventana, me vi a mí mismo, más viejo, con cara larga y pelo escaso, escribiendo en una vieja maquinilla. Tratando de leer lo que escribía, sólo alcancé a leer una oración, escrita toda en mayúscula: CORRE, ANTES DE QUE SEA MUY TARDE.
Inmediatamente volví a la realidad, acordándome una vez más de todo lo que había pasado y saliendo del cuarto una última vez. Me mudé de esa casa, y encontré aquella casa rodeada por pastizales en donde me había visto escribiendo esta historia. Aprendí a medicar el dolor con cafeína y anfetaminas, aunque sé que esos remedios no me durarán para siempre. Me compré una maquinilla vieja y empecé a escribir esta historia. De vez en cuando, miro hacia la ventana a ver si encuentro la mirada del yo de otro tiempo, pero sé que nunca lo veré, no está escrito así. Aquí pasaré mi tiempo hasta que el destino me llame. Todos somos esclavos de él, aunque no queramos admitirlo.
Creo que escribiré una historia nueva ahora. El escritor de sueños escribe en un cuarto sin ventanas…