Saturday, July 17, 2010

Amelia y su Alergia

Soy alérgica a mi misma.

Toda mi vida giraba alrededor de esas cinco palabras. Organizaba mi día con varios de anticipación, no permitiendo un momento de reflexión ni conversaciones con mi interior. Me diluía en viajes largos, en leer aquel capítulo de ese libro que nunca iba a terminar, en el queseyó existencial de una conversación a las tres de la mañana en una barra abandonada, en hacer yoga, en pintar paredes, en cualquier cosa con tal de poder tragar la pildora amarga que es mi ser sin tener defectos secundarios.

Me acostaba con hombres constantemente sólo para estar sola en mi cama. Ellos impedían que el yo que acechaba mi salud me matara mientras durmiera, ya que ella no se atrevía a salir mientras ellos estaban.

Fuí al doctor una vez a ver que podía hacer por mi condición. Sentada en la sala de espera leía cualquier revista que tuvieran disponible, una tras otra con tal de no estar sola con mis pensamientos. Finalmente el doctor reviso mi caso y me dijo que debería ir a un psiquiatra. - Me dijeron que era experto en alergias, por eso vine a usted. Si no puede ayudar me tendré que automedicarme hasta encontrar a alguien que pueda.

Empezé a tomar antihistamínicos cada vez que tenía un momento a solas. Con Morfeo velando mis pasos, la vida y el sueño se iban mezclando poco a poco. "Mejor esto que la muerte", me decía para consolarme a mí misma, pero no a ella. No, ella iba a tener que darse cuenta eventualmente de que su misión era futíl y me dejaría tranquila. En ese momento, podría realmente comenzar a vivir mi vida.

La realidad y el sueño se llegaron a mezclar y en más de una ocasión vi mi yo tratando de acercarse a mí, fingiendo una cara de preocupada y casi echandome el brazo tiernamente. Yo brincaba de la cama (o donde sea que me haya quedado dormida, estas cosas pasaban a menudo) y me socorría con un Sudoku mal hecho que había dejado en mi falda, o con una conversación repentina con la primera persona que viera, o con carcajadas extremas que pudieran amortigüar mis pensamientos introspectivos. Llegué a pensar que no podía seguir viviendo así. "Necesito encontrar una cura o algún día me voy a descuidar y ciertamente moriré."

Me enfoqué en textos psicológicos sobre la segmentación del ser, cruzando referencias con textos médicos de alérgenos conocidos por la ciencia. Quizá aquel médico no estaba tan mal en su recomendación, sólo mal encaminado. Alergología, psiquiatría aplicada, aún metafísica: Ninguno de estos textos podía apenas explicar que me estaba pasando, mucho menos econtrar una cura eficazmente. Sin esperanza de una vida diferente a la presente, recurrí al sistema que he estado explicando en los parrafos anteriores. Así viví tres años. Por algún tiempo me fue bien, otras veces me quería rendir y entregarme en manos de aquella yo que casi me echaba el brazo en mis sueños. Siempre eventualmente me convencía que mi sobrevivencia valía más que todo lo demás, y que no podía dejar que ella ganara mi batalla. Y así viví, hasta anoche.

Efectivamente, anoche se me olvidó tomarme la medicina. En un sueño denso, mi rival finalmente me venció. Yo me dormí, y otra persona se despertó. No hubo muerte, ni anafilaxia, ni dolor. Todavía existo. Todavía soy alérgica. Todavía mi cuerpo se acuesta con hombres extraños, juega Sudoku y pinta paredes. Lo único que ha cambiado es que ahora yo soy la que se esconde, y ella es la que vive.