Un cordial saludo. Estos manuscritos, inéditos, fueron presentados ante la conferencia TED en verano del 2009, como parte del tema “La Sociedad y la Música”. Originalmente fueron parte de un estudio por el Departamento de Sociología de la Universidad de Liverpool, escritos por un estudiante de doctorado, quien fue mandado a una isla del Pacífico (no especificada) para estudiar un fenómeno en la cultura local del área. De la misma manera, se las presento antes ustedes, sin editar, en honor al autor y sus estudios.
Día 1:
He llegado a la isla. Lo primero que noté es el impresionante nivel de industria que tienen los habitantes de ella. Lejos de ser salvajes, han podido desarrollar un complejo y multifacético sistema de agricultura, acueductos y comercio. Desde el helicóptero que me trajo de las Islas Salomón veía terrenos de Copra, bastante grandes para una isla tan pequeña.
En cuanto a los nativos, me han recibido con mucho respeto y cariño. No he tenido ningún problema comunicándome, ya que pueden leer varios lenguajes gracias a los libros mandados aquí por varias caridades. El proclamado líder de la tribu me parece muy carismático y me ha ofrecido todos sus bienes disponibles para mi investigación. De lo que he visto de la aldea, viven en chozas, todas bien construidas de madera y bambú, aunque sus casas no parecen tener ningún diseño en común. Cuando le pregunté por escrito al líder porque esto era, me dijo que cada uno construía su propia casa, y lo consideraban un arte. Viendo mis constantes preguntas y tratando de acomodarme mas al ambiente, decidió darme un “tour” de la vecindad.
Me llevó por un camino dividiendo un gran bosque, al final del cual encontré un gran grupo de mujeres, todas trabajando en una nueva casa que se estaba construyendo. Sin yo preguntarle, el jefe me explicó que habían eliminado la discriminación sexual en su tribu, habiendo aprendido de los textos escritos por grandes mujeres de la 3 olas del movimiento feminista. Impresionado por su modernismo y sabiduría, y queriendo conocer mas, le pregunté su nombre, ya que nos habíamos presentado solo por escrito. “Doctor Robert”, me dijo a voz alta.
Perplejo por esta contestación, decidí no cuestionarle mas, y mi solo le inquirí donde iba a estar pasando la noche. Me mostró la habitación, y conocí al hombre con quien iba a vivir. Me explicó que el había ganado el sorteo de la persona que me hospedaría a mi. Entremedio de la conversación, me brindó comida y jugamos varias rondas de un juego llamado “Nine” (nueve en inglés), una mezcla de Risk y Mancala, la cual encontré muy entretenida. Después de haber perdido, me rendí a una hamaca que ya habían preparado. Cayendo la noche, el hombre también decidió acostarse, pero no antes de postrarse ante una especie de santuario. Percibiéndolo en completa devoción, me levante a mirar que adoraban esta tribu que me parecía demasiado avanzada. Pensé en algún tipo de animal, el sol, o algún tipo de río o lago. Mirando hacia la pared, no pude contener mi asombro al ver un tocadiscos y un álbum puesto, con el hombre rezando al ritmo de la música. Rápidamente escribiendo en mi libreta, le enseño las primeras palabras que se me ocurren. “Sgt. Pepper?” Me responde: “Lo conoces”?
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