Friday, May 27, 2011

Dos Ciegos en la Calle

- Nosotros somos los dueños de nuestro propio destino. A los dioses no les importan gente como tú y yo. Ya hicieron lo que quisieron con nosotros, ahora solo es cuestión de tiempo. Pero en ese entremedio, entre nuestro destino y la muerte, hemos podido vivir como hombres realmente libres, ¿No crees? Si algo bueno tiene nuestra situación, seguramente es eso. ¿No crees?

Edipo extendió su envase metálico al escuchar pasos delante de él. Dos monedas sonaron al caer dentro de su vaso y Edipo le agradeció instintivamente al viento. Tiresias solo murmuraba un cántico en voz tan baja que ni Edipo, recostado de su hombro, podía discernir. El tiempo de las profecías había acabado, y Tiresias había sido reducido a solo otro ciego en la calle. Edipo decidió tentarlo a responderle a sus preguntas.

- ¿Porqué crees que no hemos muerto, Tiresias? De seguro debes tener alguna idea. Osea, fuimos dos peones en un juego hecho para entretener al mismo Zeus. Ya el juego se acabó, y seguimos aquí. ¿Quién sabe si esto puede ser parte de un plan más grande que nos restaurará nuestra grandeza? Quién realmente sabe? Tú? Cuéntame mi destino, Tiresias, y te daré todo el oro en este envase. ¿Todavía te queda poder?

Tiresias permaneció callado mientras sintió a una persona echar una moneda en su taza y luego habló.

- Cuando muera, Odiseo me buscará en el inframundo para pedirme consejos y yo lo ayudaré. En algún momento sé que te enterrarán en suelo de Furias y serás considerado sagrado. Si lo que queda entre destino y muerte llamas vida, disfrútalo ahora en silencio, y no me perturbes más. No tengo más secretos que darte.

Edipo rió una gran carcajada y echó su brazo fuertemente al hombro de Tiresias.
- Lo único que quería era no hablar solo.

No comments:

Post a Comment